El origen de Carmona se sitúa aproximadamente hace 5000 años, en el tránsito del Neolítico al Calcolítico. Desde ese momento Carmona ha estado habitada permanentemente, sucediéndose sobre el mismo espacio cultura tras cultura hasta el día de hoy. Este hecho ha dado lugar a la formación de una riquísima estratigrafía arqueológica y una yuxtaposición de arquitecturas, bien conservadas, que documenta toda la historia del Valle del Guadalquivir y los importantes acontecimientos históricos allí acaecidos.
La formación del primer núcleo propiamente urbano se sitúa, entre los siglos IX – VIII aC, bajo el actual barrio de San Blas, en la suave ladera que desciende desde la elevación de la Judería hacia el norte, en una zona en la que confluían los caminos que conducían a la desembocadura del Guadalquivir sobre la que disponía de dominio visual.
Paralelamente la ciudad se fortifica. A las defensas naturales que supone el relieve abrupto, en el siglo VIII aC.se suman fosos, empalizadas, bastiones y murallas, que delimitan un perímetro defensivo que perdurará funcionalmente hasta la Edad Moderna.
Entre las construcciones conservadas, destaca el primer bastión en Puerta de Sevilla. Construido sobre un espolón natural de la roca que sobresale en el extremo suroeste del perímetro defensivo, sobre un nodo de caminos, entre el valle del Corbones y las terrazas del río Guadalquivir;
Durante el periodo turdetano, siglos VI-III aC, la arquitectura de la ciudad turdetana en San Blas es continuación de la tartésica, mientras que en el área de expansión se observa una disposición diferente, resultado de la influencia de las corrientes helenísticas que impregnaban todo el mediterráneo.
La toma de la Península Ibérica de manos de los cartagineses en el 237 a.C., al mando de Amílcar Barca, inicia una etapa turbulenta que culminará con la II Guerra Púnica y la conquista romana.






